Uno de los clichés más famosos de los cuentos
infantiles dice que, cuando una bruja (o brujo, aunque estos son los menos en
la literatura infantil) quiere castigar muy cruelmente a un príncipe o una
princesa por su prepotencia o mal comportamiento, los convierte en rana. La
imagen de la joven dama besando a un sapo para romper el encantamiento y que se
le convierta en príncipe alcanzó su máxima expresión en la película de Disney
Tiana y el Sapo, aunque al final el filme no fuera un pastelón al uso... más o
menos.
Ahora que el amor (y nosotros mismos) se ha
vuelto mucho más prosaico que en mi infancia, lo peor que te puede pasar no es
que un chico se te convierta en rana de repente. No. Creedme, ése es un mal
menor. Lo peor que te puede pasar es que un chico se te convierta... en un
post. Y es que, si tu ligue/amor/amante/affaire de turno acaba protagonizando
uno de tus (mis) post... malo. Que sí, que vale, que las mujeres también
escribimos a veces para bien sobre nuestras relaciones amorosas pero... no nos
engañemos. En la mayoría de los casos, cuando le dedicamos un post a un hombre
es porque las cosas no han ido bien o no han ido como esperábamos (o como nos
hubiera gustado), necesitamos desahogarnos y lo hacemos en el blog.